Primeras impresiones de Path of Exile

8.5   Valoración
Jugabilidad: 8/10
Gráficos: 7/10
Rendimiento: 9/10

Ambientación oscura, personalización, NPCs con voz, mucho contenido

Sin opción de escoger sexo, combate algo repetitivo

La semana pasada nos aventuramos en Wraeclast, el mundo de Path of Exile (Grinding Gear), un RPG gratuito de acción en el que los jugadores asumen el papel de un prisionero exiliado en unas tierras inmisericordes donde tendrán que sobrevivir a los horrores que acechan en cada esquina.

Todo comienza en un barco de prisioneros donde podemos escoger la clase partiendo de personajes pre-generados, cada uno con su propio trasfondo. No somos especialmente fans de no poder crear tu propio personaje y escoger el sexo, pero sabiendo el género en el que se enmarca Path of Exile, siguiendo la estela de juegos como Diablo, no esperábamos otra cosa. De entre todas las historias sobre el pasado de los posibles personajes, nos decantamos por la bruja, porque la idea de poder controlar a los muertos siempre nos ha atraído.

Tras un desafortunado naufragio, nos encontramos en una playa junto a otro superviviente que no tarda en morir a manos de unas criaturas que no son otros que los ahogados en el accidente. Por alguna razón, han regresado a la vida y se han transformado en monstruos. Y esa es nuestra primera experiencia en combate, acabar con unos enemigos sedientos de sangre y rebuscar en sus cadáveres. Todo aquello que se recoge se va automáticamente al inventario, que se divide en cuadrículas con las que tenemos que jugar para maximizar el espacio. Una espada, por ejemplo, puede ocupar tres casillas en vertical. Cuanto más grande sea el objeto, más espacio ocupa. Muy pronto se aprende que no puede recogerse todo lo que uno se encuentra, de lo contrario hay que hacer una cantidad ingente de viajes a la ciudad para vender. Enseguida comenzamos a seleccionar lo más interesante y a quedarnos solo con las piezas que necesitásemos o las de más alto nivel para venderlas más tarde.

 

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En este punto nos topamos con un aspecto bastante innovador: en Path of Exile no hay oro ni ningún tipo de moneda. En su lugar, los personajes utilizan pergaminos. Pero estos pergaminos también sirven para identificar las propiedades de objetos mágicos, por lo que nos vimos en la tesitura de tener que decidir si emplear los pergaminos para adquirir nuevas armas o si utilizarlos en objetos que encontrásemos. Es un sistema muy interesante, ya que, además de esto, es la propia comunidad la que se encarga de intercambiarse piezas, armaduras o gemas. Estas últimas son un elemento fundamental en el juego. Todas las armas y partes de armaduras disponen de huecos en los que engarzar gemas en función del color (verde para destreza, azul para inteligencia, rojo para fuerza). Cada color representa las diferentes clasificaciones y tipos de habilidades. Por ejemplo, las gemas azules o de inteligencia son aquellas destinadas a habilidades mágicas, mientras que las rojas o de fuerza se emplean en habilidades de ataques físicos. Al poco rato de vagar por la playa en la que comenzamos nos encontramos con nuestra primera gema “bola de fuego”, lo que automáticamente nos añadió otro ataque en la barra de acción. Y tras completar algunas misiones, también nos dieron como recompensa varias gemas entre las que podíamos escoger una. Nuestra elección fue una gema de nigromancia, que otorga la habilidad de invocar tres zombies a partir de cadáveres y que resultó ser vital.

El combate en ocasiones resulta bastante difícil, mucho más de que cualquiera que no haya jugado a Path of Exile, pero sea habitual del género RPG de acción se imagina. A veces, uno se ve rodeado por muchísimos enemigos y la situación puede irse de las manos, incluso con la ayuda de los amigos zombies haciendo las veces de “tanques”. En cualquier caso, reducido a su esencia, el juego es similar a Diablo. A medida que se avanza, se van descubriendo porciones del mapa. Y mediante el uso de habilidades y de los ataques básicos, vamos eliminando enemigos y completando misiones para acceder a nuevas zonas.

 

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En líneas generales, los enemigos no son muy difíciles en los primeros niveles, pero a medida que se progresa, los combates tienden a complicarse. Los enemigos especiales (jefes) están marcados con un color dorado y un marco plateado, y contra estos no resulta nada sencillo luchar. Atacan con mucha fuerza y obligan a usar pociones para sobrevivir. El primer jefe con el que nos encontramos nos pilló completamente desprevenidos con una lluvia de fuego y nos fulminó casi de inmediato. Esta muerte nos enseñó a ser más cautos. Es una buena señal que el juego ofrece cierta dificultad ya desde el principio.

En cuanto al combate, decir que tiende a ser un poco repetitivo, sobre todo al principio, pero que en cuanto se van desbloqueando nuevas habilidades y uno se adentra en las zonas más altas, esto cambia drásticamente. En los comienzos, alguien con experiencia puede jugar sin prestar demasiada atención. Sin embargo, en los niveles altos, es necesario poner todos los sentidos en el juego si no se quiere morir.

Tras subir varios niveles, conseguimos acceso al árbol de habilidades pasivas, una red descomunal de habilidades en las que invertir puntos, con cientos de opciones y accesible a todas las clases. Lo importa de la selección de una clase u otra, más allá de las habilidades iniciales y los atributos, es que se comienza en puntos distintos del árbol de habilidades pasivas y se tiene acceso inmediato a habilidades diferentes. Siendo así, es posible partir de una clase de ataques a distancia e ir desplazándose hacia una clase de ataques cuerpo a cuerpo para convertir el personaje es una especie de híbrido.

 

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Las posibilidades de personalización son casi infinitas, desde el equipo que se lleva (uno puede equiparse casi con cualquier pieza), pasando por las gemas hasta la manera en la que se invierten los puntos de habilidad. El juego cuenta con una cantidad ingente de opciones para que no haya un personaje igual a otro.

El juego cuenta con una atmósfera impresionante. Los desarrolladores han hecho un trabajo impecable capturando la esencia de un lugar abandonado en el que no hay esperanza y donde aguarda la muerte. El apartado gráfico, con un toque oscuro, es sobrecogedor, y las historias de cada clase están muy bien desarrolladas.

 

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