Primeras impresiones de Throne: Kingdom at War

8.5   Valoración
Jugabilidad: 8/10
Gráficos: 9/10
Rendimiento: 9/10

Gráficos excepcionales, muchas opciones de juego, colaborativo

Progresión lineal, combate simple, algo restrictivo

Esta semana hemos estado jugando a Throne: Kingdom at War, un nuevo título gratuito para navegadores de internet de la desarrolladora Plarium en el que los jugadores asumen el papel de un señor feudal a cargo de sus tierras y su castillo. Ambientado en la Edad Media, cada jugador debe gestionar su ciudad, formar un ejército y competir contra otros jugadores para establecerse como el reino más poderoso. Se trata de un juego reciente, pero que resultará familiar a todos aquellos que hayan jugado a algún título de Plarium, ya que es un estudio con un sello y una firma muy personal a la hora de crear nuevos productos de entretenimiento.

Lo primero que llama la atención nada más comenzar a jugar es el apartado gráfico. Throne cuenta con un estilo visual excepcional. El equipo de desarrollo ha hecho un trabajo increíble a la hora de dar vida a la ciudad; se puede apreciar el agua fluyendo, los soldados marchando a lo largo de las murallas o novatos entrenando en los barracones. En general, los animaciones y los gráficos son estupendos. Siguen la línea que ya vimos con la llegada de Nords: Heroes of the North y Vikings: War of Clans. Sin embargo, y esto puede deberse a la optimización para dispositivos móviles, al hacer zoom y acercar la cámara el nivel de detalle pierde cierta calidad, la imagen se “pixela” y se muestra borrosa. En contraposición, el mapa global está muy bien hecho, y puede que sea lo mejor que hayamos visto al compararlo con los mapas de los otros títulos de Plarium.

La estructura del juego es muy similar a la de los demás juegos de Plarium, pero en lugar de centrarnos en esto, vamos a hablar de los elementos que lo hacen diferente.

 


Comencemos diciendo que es un título que se ama o se odia. Como ya hemos comentado, se ambienta durante la Edad Media, y en él son evidentes características que pueden encontrarse en muchos títulos del género. Partiendo de un escueto tutorial en el que un NPC nos guía a través de diferentes misiones en las que se aprende lo más básico, al poco tiempo el jugador se encuentra completamente solo y sin ayuda. Pero no es un juego con mecánicas complejas. De hecho, las misiones iniciales que sirven de tutorial lo único que indican son cosas que cualquier asiduo del género de estrategia para navegadores ya conoce. Las tareas se dividen en tres ramas (construcción, ejército y estudios) y siguen un patrón muy sencillo de progresión. Se comienza construyendo edificios simples para extraer recursos y después se van construyendo el resto cuando se dispone de lo necesario. Una vez hecho, los edificios deben ser mejorados en rango para que resulten más efectivos. Del mismo modo, se comienza adiestrando a unos pocos soldados para después entrenar números mayores de unidades. Nada realmente innovador.

Lo peor de las primeras horas en el juego es que los tiempos de espera de construcción son de cinco minutos, y a partir de que a estos procesos les quedan menos de cinco minutos para completarse puede acelerarse el proceso de manera gratuita (lo habitual es tener que adquirir elementos o pagar). Siendo así, todos los edificios se construyen muy rápido y el juego se convierte en una secuencia de tareas repetitivas, pinchando aquí y allá para activar los procesos y acelerarlos. No vemos razón para que el juego se ocupe de ello por ti y tú puedas comenzar a jugar directamente.

Pero los tiempos de construcción no son lo que lleva más tiempo. Los “estudios”, las diferentes tecnologías que pueden aprenderse, requieren al principio unos quince minutos. Si combinamos esto con lo mencionado anteriormente, nos encontramos sin mucho que hacer mientras se espera para poder acceder a nuevas unidades y elementos. Las tecnologías se dividen en cinco ramas, pero lo que en un principio parece una amplia variedad a la hora de personalizar el asentamiento se queda reducido a progresión lineal, ya que las tecnologías avanzadas requieren contar con tecnologías inferiores como prerrequisito.

 


Sin duda, el aspecto más negativo del juego es que hay determinados elementos “bloqueados” por características específicas. Por ejemplo, para poder atacar un campamento de fugitivos (PvE) se requiere disponer de una tecnología concreta y ser parte de una Orden (hermandad). Y tienes dos opciones, crear tu propia orden, que cuesta mil monedas de oro –divisa premium–, o unirte a una. Uno puede unirse a Órdenes abiertas sin necesidad de preguntar o ser aceptado, pero el problema es el hecho de que el juego te obliga a formar parte de un grupo para poder completar cosas tan básicas como atacar un campamento de enemigos. Entendemos, puesto que es obvio, que unirse a una Orden y formar parte de un clan es beneficioso, pero forzar a los jugadores a unirse a otros para completar misiones sencillas es simplemente ridículo.

En cualquier caso, y hablando en general, Throne: Kingdom at War se codea directamente con los mejores títulos del género. Incluso con el empobrecimiento de los gráficos al acercar la cámara, sigue a años luz por encima de sus competidores en este aspecto. Lo más decepcionante es que, incluso con toda la experiencia acumulada, Plarium todavía no presenta un combate más avanzado del clásico “selecciona tus unidades, envíalas a combatir y espera por el informe de batalla”.