Destiny

Destiny - Review - Thumpnail
8   Valoración
Jugabilidad: 7/10
Gráficos: 9/10
Sonido : 8/10

Excepcional calidad gráfica / Planteamiento multijugador cooperativo en mundo abierto

Historia pobre / Demasiada reiteración en escenarios y misiones

 

Las grandes producciones siempre convulsionan el mercado audiovisual. Destiny puede jactarse de ser el videojuego más caro de la historia, ya que su desarrollo ha costado en torno a 360 millones de euros, situándose como el producto cultural más costoso por delante de películas como Piratas del Caribe o Avatar, lo que se dice bien, pronto y no sin cierto vértigo. Su creador, Bungie, y su distribuidor, Activision, ya han recuperado la inversión inicial y vaticinan un proceso a diez años vista con actualizaciones de contenido regulares.

Destiny es un juego grandilocuente, tanto en su aspecto visual como en su concepto e historia, por lo que hemos preferido tomarnos el tiempo suficiente para probarlo y tratarlo con el debido respeto que una gran obra se merece.

Nos encontramos ante un título de disparos en primera persona con un acercamiento tan claro a los MMORPG que tienta compararlos, y aunque seguro que lo haremos de una u otra manera durante el análisis, hay que ser justos y enmarcarlo en su lugar. Para jugarlo hay que estar permanentemente conectado a Internet puesto que sus mundos son abiertos y compartidos, por lo que en el transcurso de las partidas nos encontramos con otros jugadores con los que podemos compartir objetivos y misiones. Similar planteamiento lo encontramos en Defiance, aunque aquí las cualidades gráficas son tan determinantes como fundamentales.



La historia nos transporta a universo en el que la humanidad ha evolucionado gracias a los cambios planetarios producidos por una gigantesca esfera conocida como ‘El Viajero’, permitiendo que se alcanzara gran parte de la galaxia. Esto ocurrió hace mucho tiempo y ahora una oscuridad ha ido avanzando a través de los planetas y pone en jaque el destino de sus razas.

Su creador de personajes es discreto y no proporciona demasiadas opciones estéticas. Sí encontramos tres razas para elegir -Humanos, Exos e Insomnes- y tres clases: Titan (especializado en cortas distancias), Cazador (más preciso y certero a larga distancia) y Hechicero (puede utilizar ataques mágicos). Las diferencias entre ellos son sus habilidades especiales, que se pueden activar al lograr un determinado número de impactos, y las capacidades que se van desbloqueando a medida que aumentamos de nivel, pero no hay grandes diferencias porque estamos en un juego de apuntar y disparar, por lo que su jugabilidad es prácticamente la misma independientemente de nuestra elección. Cada personaje tiene a nivel 15 la posibilidad de desbloquear una subclase con especializaciones aumentadas, pero hay que desarrollarla desde cero y esto es algo reservado a los jugadores que quieran sacar el máximo partido al juego. El equipo que vas adquiriendo también puede ser perfeccionado, aunque la profundidad del sistema de atributos está reducida a la mínima expresión.

Gráficamente el título se sitúa a la vanguardia, si bien es cierto que no sufrimos un choque visual con el cambio generacional, ya que nos encontramos en los primeros coletazos de las nuevas consolas y la progresión siempre es paulatina, posiblemente lo más destacable de Destiny sea su deslumbrante calidad gráfica, rica en matices e impecablemente acabada. Los mundos han sido esbozados para proporcionar una sensación de espectacularidad que se mezcla con la del vacío que inunda al que llega a un mundo desolado o apenas colonizado. Recorremos lo que queda de la maltrecha Tierra (una parte de la antigua Rusia), la Luna, Venus o Marte degustando cierta influencia de Mass Effect y apreciando una calidad de texturas y sombras realmente sobresaliente.

Su jugabilidad no dista mucho de otros títulos del género y queda patente que Bungie alcanzó su éxito con Halo. Las mecánicas básicas de apuntar y disparar no se ven reforzadas más que con un doble salto planeador que infunde verticalidad en el combate y mejora la exploración. También contamos con una moto deslizadora, pero no cumple otra función que la de desplazarse a mayor velocidad y no tiene especial relevancia en el combate. Los objetos de los escenarios no son destruibles quitando unos extraños cubos de energía que explotan cuando se los dispara.

La campaña es uno de los puntos más flojos del juego. Su historia no está bien llevada y es poco inmersiva, con misiones repetitivas en escenarios que visitas una y otra vez, porque aunque a priori el tamaño de los mapas parece colosal, cuando los exploras en profundidad no encuentras demasiadas zonas. También existe otro modo de juego más ‘sandbox’ en el que hay que realizar tareas que van apareciendo por los mundos, pero no resultan nada atractivas. El componente multijugador salva en cierta manera este apartado, ya que puedes realizar las misiones, tareas o eventos públicos en grupos de tres o asociándote aleatoriamente con otros jugadores con los que coincides. Pero aquí se presenta otro de los puntos oscuros del juego: debido a las limitaciones provocadas por su calidad gráfica y el tamaño de las zonas, y a pesar de la buena infraestructura de los servidores, no compartes escenarios con demasiados jugadores, por lo que si estás habituado a los MMOs te sentirás como si estuvieras jugando en un servidor europeo a las 4 de la mañana. Mayor diversión encontramos en los asaltos, aventuras instanciadas para tres jugadores que a pesar de no contar con una historia demasiado absorbente presentan unos descomunales jefes finales en los que la organización cooperativa resulta crucial para lograr la victoria.

Por otro lado encontramos una ciudad orbital llamada La Torre cuya finalidad es ser un centro social, pero como la interacción con otros jugadores está reducida a tres o cuatro gestos, acudes a ella con la única intención de recoger misiones, usar el banco y las tiendas o cobrar determinadas recompensas.



Para combatir contra otros jugadores nos tenemos que trasladar al Crisol, una serie de arenas de seis contra seis donde encontramos los típicos enfrentamientos de todos contra todos, partidas a muerte por equipos, captura de reliquias o puntos de control para mantener. En alguno se permite la utilización de vehículos, pero juegan un papel secundario.

La música es otro punto a su favor ya que la selección de temas es extraordinaria y motivadora en los momentos adecuados, contando incluso con un tema compuesto en exclusiva por un tal Paul McCartney. Los efectos sonoros no brillan al mismo nivel pero son más que aceptables.

Además de las facciones en las que puedes enrolarte a partir de nivel 20 para luchar por ellas en el Crisol, Bungie ha comenzado a presentar las llamadas “Incursiones” para mantener vivo y actualizado el juego. De momento solo hay una, de unas diez horas de duración, pero algo restrictiva ya que debes completarla con amigos y además siempre con los mismos.

CONCLUSIÓN

Destiny es un FPS multijugador con mundo abierto, lo que proporciona una de las experiencias más divertidas y gratificantes del género, ya que además su potencia visual ayuda a crear una atmósfera única que entusiasma al más incrédulo. La música ayuda a reforzar las valoraciones positivas, aunque su trama argumental resta puntos, los escenarios y misiones resultan repetitivos y echamos de menos mayor cantidad de jugadores con los que compartir aventuras, además de una mejor interacción, pero esto se debe a la comparativa con los MMORPGs, que no se puede obviar debido a la cantidad de lugares comunes que comparten.